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El Debate del 4N

Ya pasó el debate, como todo en la vida las cosas vienen y van, pero dejan un poso más o menos profundo. Y eso es lo que trataban de hacer los cinco candidatos que participaron en el mismo, dejar una huella en el electorado de cara a las elecciones del 10N. Lo consiguieron? Bueno, hay tantas respuestas como votantes. Nosotros daremos nuestra versión de lo que vimos y oímos y las sensaciones que todo ello nos dejó.

Cuando se hacen este tipo de debates siempre se habla del ganador, quién lo ganó? La respuesta ayer es harto complicada, porque fue un debate flojo en extremo. Sí que es más fácil decir quien lo perdió, y lo perdimos todos los españoles me atrevo a decir, porque el nivel de los políticos que pretenden representarnos es bastante lamentable, y con esos mimbres tenemos que seguir avanzando a partir del próximo domingo. Y ahí viene la segunda parte de este gran problema, que no se atisba una situación de desbloqueo, siguen las mismas posturas enfrentadas y hasta alguna novedosa pero que, eso sí, roza el esperpento.

No todos los candidatos los hicieron igual, obviamente, los hubo malos y peores. Eso vamos a analizar ahora desde un doble punto de vista: el saber estar, la presencia ante las cámaras en primer lugar, y en segundo lugar el contenido del discurso, las ideas proyectos, etc que lanzaron o se guardaron cada uno de ellos. Vamos allá.

PSOE: Pedro Sánchez. Su actuación fue lamentable por momentos y discreta en la mayoría de los casos. Se le vio nervioso, aunque quizás no tanto como en anteriores debates, algo ha mejorado en ese aspecto, pero sigue sin pillarle la manija al tema. Muy mala impresión da eso de mirar hacia abajo para los papeles como si estuvieses preparando la tesis doctoral mientras te hablan, por un oído le entraba y por otro le salía. Era el centro de la diana de todo el mundo, con toda lógica por ser el primero en las encuestas y el actual presidente en funciones, sin embargo parecía en todo momento que la cosa no iba con él. Por otro lado, cuando intervenía daba la sensación de estar solo en el plató, lanzando un discurso en plan electoral, como si no tuviese interlocutores a su alrededor, los viernes sociales quizás le hayan acostumbrado mal.
En cuanto al contenido de su discurso, pasó de puntillas sobre el tema catalán, como era de esperar, mirando para otro lado. Y a medida que fue transcurriendo el debate fue lanzando sus medidas de campaña, daba igual que no viniesen al caso, que si una nueva asignatura para la educación que será la panacea…, derogar la reforma laboral, el gasto social y la regulación del alquiler de la vivienda y por supuesto también sacó a Franco a paseo cuando le interesaba escaquearse de las preguntas de sus adversarios. Mal Sánchez, aunque no fue el peor, huidizo, casi “autista”, contra las cuerdas en muchos momentos y sin aportar soluciones o respuestas a las cuestiones planteadas. Su propuesta más graciosa fue proponer la abstención de todos los demás para dejarle gobernar a su antojo (y qué pasa con el pueblo español que no le ha votado, también nos olvidamos de esos millones de personas?) o el triple salto mortal de modificar la ley para que gobierne la lista más votada, o sea, él. La verdad, no se puede ser más egocéntrico que este señor, en una peli de los Avengers su personaje lo bordaría.

PP: Pablo Casado. Diría que fue de más a menos durante el transcurso del debate. Fue posiblemente el candidato que más puso contra las cuerdas a Sánchez, siendo su pregunta sobre pactar o no con los independentistas uno de los momentos álgidos del debate, pasaban los segundos y el candidato socialista no contestaba, se cortaba el silencio con un cuchillo. Pese a ser un candidato con poca gracia y poco tirón mediático, aunque la barba le da algo más de presencia, es verdad que estuvo más sólido y confiado que en ocasiones previas y protagonizó importantes momentos de acoso y derribo al Psoe. No fue brillante pero sí eficiente en varios momentos de la velada.
Empezó muy bien poniendo los puntos sobre el tema catalán y la presencia del Rey en Cataluña así como la necesidad de garantizar la libertad de ejercer el derecho al voto el 10N. En temas económicos fue de los pocos que habló un poco claro, aunque sin entrar en profundidades, el formato del debate tampoco da mucho pie a ello. Pese a todo el pasado de Rajoy le sigue dejando un poco bloqueado, igual que el tema de la corrupción en el PP, que le pesa como una losa aunque cada vez lo lleve mejor.

VOX: Santiago Abascal. Era el debutante y se le notó en los nervios del inicio, sobre todo en el primer bloque donde incluso se mostró hasta excesivamente mojigato. Pero a medida que fue transcurriendo la noche se asentó y fue creciendo, resultando en uno de los más inspirados ante las cámaras. También hay que reconocer que era casi el hombre invisible para los otros candidatos, salvo momentos puntuales, especialmente en el enfrentamiento con Pablo Iglesias a cuenta de la ley de memoria histórica, el asunto catalán y el terrorismo vasco. Cuando los focos no están sobre ti seguramente es más fácil ser uno mismo, estar más relajado y hacerlo mejor, Abascal supo aprovechar esa ventaja.
En cuanto a sus propuestas, creo que los votantes de Vox ratificarían lo que este partido representa: el no a las autonomías, el no a la inmigración ilegal, la defensa a ultranza de la unidad de España, posiblemente el punto que le da más votos en la actual coyuntura, y unas medidas de política económica opuestas a las de la izquierda, es decir, donde se defiende básicamente el funcionamiento del mercado frente al intervencionismo y el recorte del gasto. En resumen, calcó casi punto por punto su programa electoral, para gusto o disgusto de quien lo vio y escuchó.

UP: Pablo Iglesias. De todos los candidatos participantes es el que mejor se maneja ante las cámaras, luego puede estar más entonado o decir más o menos chorradas. Ayer tuvo un día bastante bueno en este sentido, sin perder la compostura en ningún momento y sabiendo a lo que iba que era ganar votos en la izquierda y forjar una posible alianza con el Psoe. No sé si habrá conseguido lo primero, pero lo segundo seguro que no, Sánchez le dio calabazas una y otra vez, unas veces con la callada por respuesta y otras a las claras. En ese sentido, acabó resultando bastante cansino el empeñó de Iglesias en que Sánchez accediera a una coalición con Podemos, un suma y sigue de lo que viene siendo su campaña electoral.
En cuanto al discurso, sin duda el punto más flojo son sus aportaciones en el terreno económico y la cuestión catalana, donde se ve pillado entre dos fuegos. En lo económico sigue haciendo ciencia ficción con su aumento del gasto público sustentado por una subida de impuestos, dice, a los ricos. No, señor, eso no cuela ni funciona en ningún país, pero como lema de campaña es posible que haya gente que se lo compre. Es todavía más irrisoria esa política de disparar el gasto público en un escenario de déficit y deuda pública desbordada como tiene España, como si las advertencias de Bruselas no fuesen ya reiteradas. Lo de subir el salario mínimo nuevamente y la renta mínima también es muy bonito, pero la pena es que hay que pagarlo. Aunque en estas cuestiones socioeconómicas no está solo, Sánchez también defendió este tipo de ocurrencias graciosas. Ah, lo de ponerse a crear empresas públicas en pleno siglo XXI, que si para la luz, que si un banco público, bueno… otra idea más dentro del populismo pero que va contra las tendencias neoliberales del mercado en los últimos 50 años, salvo que Trump decida poner todo patas arriba, que nada es descartable.

Cs: Albert Rivera. Fue, sin ningún género de dudas, el gran perdedor de la noche. Las encuestas ya anuncian desde hace tiempo su descalabro el 10N, así que esta era su última oportunidad, o única, de revertir un poco esos resultados. No lo consiguió, es más, creo que incluso puso más en evidencia el momento de crisis en que se encuentra él y su partido. Estuvo sobreexcitado toda la noche, sobreactuando sin ningún género de contención, saltando a todo lo que se movía, pero dando la sensación de estar con el agua al cuello, como el náufrago que en medio de la tormenta patalea sin ton ni son sabiendo que su fin está cerca, más por instinto que por entendimiento. Hubo momentos donde esto se manifestó con más evidencia, la tontería del adoquín, porque no se ha traído usted un contenedor en llamas? Siempre con esa tendencia a exagerar, como sus pergaminos de papel enrollables a los que ya nadie les presta atención, o las historias de familia y de sus ancestros que sacaba a colación una y otra vez para identificarse con el pueblo español. Eso ya está amortizado señor Rivera, es un discurso obsoleto que ya no cala y que solo deja una sensación de anquilosamiento y decrepitud.
En cuanto a sus propuestas, más de lo mismo, el problema es que ya no resulta creíble, ya se sabe el cuento del lobo… Yo apoyaré a quién haga falta para desbloquear la situación…, como si no hubiese cambiado innumerables veces de criterio. Volvió a sacar el tema de la tarjeta sanitaria única y los autónomos, volver a aplicar el 155… todo suena rancio y pasó de moda en Rivera. Y todo apunta a que el batacazo será mayúsculo este domingo, al menos el debate no creo que le haya ayudado mucho y fue el peor de la noche y con diferencia, incluso por delante de Pedro Sánchez que se escondió en su burbuja de la Moncloa y su atril durante tres horas de debate, pero que aún así, mal y a rastras, posiblemente haya salvado los muebles. El domingo lo sabremos.

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