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PRIMERA SEMANA DE ENCIERRO

by Vpower / Hombre Rancio

Vpower y Hombre Rancio son los nombres de guerra de dos hermanos gallegos que crearon sus blogs hace casi una década (Quién mueve los hilos? de Vpower y El Comenta mierda de Hombre Rancio), decidieron unir sus fuerzas y crear una web de metal: Metalbrothers.es y cuentan en su equipo con familiares y amigos. Hoy nos dan su visión sobre como están viviendo estos duros días.

Vpower:

Hoy he decidido iniciar mi diario de la cuarentena por el coronavirus. Tengo tiempo de sobra y el encierro se prevé largo, más de lo que seguramente imaginábamos hace solo unos pocos días, no digamos ya unas semanas atrás cuando la gente hacía la vida normal sin preocuparse lo más mínimo por lo que ya estaba pasando en Italia.

No va a ser un diario político. Para desahogarme de la odiosa casta política española ya haré entradas específicas. Será un diario de sensaciones. No pretendo ganar ningún premio literario, es solo una forma de hacer una catarsis de todas las sensaciones que se suceden a lo largo del día y que seguramente, de una forma u otra, nos cambiará la vida que llevemos en el futuro, quizás nada vuelva a ser igual de esto, quizás no nos podamos ver al espejo y tener la tranquilidad absoluta de que nada de esto volverá a pasar nunca. Creo que el miedo y la duda permanecerán en nuestros corazones hasta que demos el paso definitivo a otra dimensión. Por supuesto, sin olvidar que los muertos pesarán como losas en nuestras conciencias y nuestra alma.

Hoy es viernes. Lo sé porque teletrabajo y es el último día de la semana, eso no cambia aunque esté en casa con el ordenador, sigo siendo consciente de ello. Otros días me resultan más confusos, martes o miércoles, qué diferencia hay? Pero un viernes es un viernes. Dos días por delante para mí y mis pensamientos. Nunca me ha asustado ni amordazado la soledad, me gusta incluso durante ciertos intervalos de tiempo. Leo, escribo, hago deporte, soy independiente y disfruto del tiempo en soledad. Y de eso ahora tendremos bastante, pero echo de menos a mi familia.

Ayer mi hermano me dijo que el wasap permitía hacer videoconferencias. Me quedé de piedra. Soy un hombre del pasado tecnológico aunque me las apaño para ponerme al día. Así que de inmediato pusimos una videoconferencia con mis padres y mi hermano que viven juntos. Sin duda fue el momento más emotivo de la semana y lo más importante que me ha pasado en la misma. Verlos ha sido casi como estar con ellos. Cada día hablábamos, y creedme, hablar con mi madre es una inyección de moral, sería capaz de ponerles las pilas incluso al incompetente de Sánchez, perdón, había dicho que esto no iba a ser un mitin político.

Hemos quedado hoy a las nueve y media para hablar y vernos. Internet es posiblemente el mejor invento del mundo desde la máquina de vapor. Pensemos lo que sería el mundo en cuarentena de hoy sin Internet, el teletrabajo y todo lo que conlleva en términos de comunicación, posiblemente sería el fin del mundo tal y como lo conocemos. Por dios, que no nos falle Internet.

El día ha transcurrido según lo previsto, el teletrabajo por la mañana, aburrido, todavía estamos organizándonos y la productividad no es muy alta, pero ayuda a mantener un poco el orden en el día a día y una rutina, también a que te sientas útil. Luego he comido a las tres y rápidamente me he ido al Mercadona que tengo cerca de casa. Desde el lunes que fui al súper no había salido. Me da mucha pereza pero es necesario hacer acopio de alimentos cada ciertos días para no quedarse con lo mínimo. Pero salir no sólo supone exponerse, también significa asomarse a un paisaje desolador y a un mundo que parece languidecer.

Al salir me topo en la calle con tres personas conversando casi al lado de mi portal. Dos llevan mascarilla, la otra no. Tienen al lado, en cajas, varias docenas de huevos, supongo que se trata de algún tipo de mercadeo, pero no me paro, me distancio lo suficiente, voy sin mascarilla ni nada que me cubra el rostro y ya me empiezo a arrepentir. Voy hasta el garaje y arranco el coche, no es que no quiera caminar, pero es bueno mover un poco el coche para que no se quede sin batería. Llego al Mercadona y por suerte no hay colas, entro directamente. Gente con mascarillas y guantes, coño, parezco un paria. Al menos hay una empleada pasando un paño a las cestas. Me agencio un par de guantes antes de empezar la compra, aunque seguro que ya he tocado por ahí más de la cuenta. Al final solo me pongo uno porque el otro se me hace incómodo, menudo desastre. Hay más cosas que hace cinco días, cuando la histeria por comprar estaba más a flor de piel. Plátanos, huevos, bien. El jabón líquido sigue brillando por su ausencia. Hay algo que ya me había azotado el otro día y que de nuevo vuelve a calar en mí: el silencio y la mirada de la gente, como ida, como zombies de compras, todos vamos como autómatas y no puedo evitar sentir una gran desazón en el corazón, es lo más triste que he visto en mucho tiempo. Joder, como odio ir al súper, acelero para llegar a casa.

Y en casa enfrento el último obstáculo, sacar todo de las bolsas, lavar la ropa, todo lo que he comprado, qué tedio!, fregar el suelo, lavar la ropa que he usado y meter los zapatos en una bolsa hasta la próxima excursión. Ducharme, es como dejar que el agua se lleve todo el veneno que he ido absorbiendo. Ya he pasado lo peor. Me tomo un café, otra de las rutinas. Me relajo un poco leyendo y wasapeando con mi familia y amigos. Y se me ocurre que sería buena idea empezar un diario. Mi hermano me ayuda a ello y aquí estoy. El primero de muchos días, muy parecidos los unos a los otros, que vendrán, pero no temo al encierro sino a la enfermedad, a la gran crisis económica que nos azotará, a la salud de mi gente…

En media hora me espera la bicicleta. Mi madre me envió un video de una chica a la que poli había pillado haciendo running, 600 euros de multa, casi nada la broma… como para arriesgarse. Me salva que tengo un rodillo en casa para desahogarme. Me gusta hacer deporte, practico triatlón desde hace tiempo y no perdono el entrenamiento, me ayuda a mantener el tono físico y la mente despejada, aunque sé que ni de lejos estoy en la forma física que tenía cuando entrenaba en el gimnasio, la piscina, corriendo en la calle, etc. Es lo que hay y lo asumo. Lo que no entiendo es porque en Francia, Italia o Bélgica sí está permitido correr individualmente y aquí no. Sin embargo puedes ir al supermercado cinco veces al día o ir a comprar tabaco para destrozarte los pulmones. Es ridículo.

Esta noche después de cenar me veré una peli, es otro de los rituales. Hoy ponen una de acción, seguramente a la media hora esté cabeceando, pero es la costumbre. Mañana más, espero.

Hombre Rancio:

Cuando escribo una reseña la hago desde un punto de vista impersonal y profesional, pero hoy os quiero hablar con el corazón.

Soy uno de los miles de españoles que ha sido despedido por la crisis del coronavirus. Vivo con miedo porque mis padres corren peligro. No puedo ver a mi suegra pues han prohibido las visitas a las residencias y estoy preocupado por las noticias sobre asilos que surgen cada día. No puedo ver a mis hermanos y amigos y al menos los veo por videollamada.

En lo económico me hallo con una mano delante y otra detrás, elaboro reseñas para que paséis el rato. Llegará el tiempo de depurar responsabilidades. El gobierno hizo muchas chapuzas como permitir la manifestación feminista en estas condiciones o no tomar medidas antes.

La monarquía está obsoleta, el rey ofrece un discurso frío y desangelado sin hacer mención alguna a su padre. O las derechas más recalcitrantes como Vox, tan irresponsables como el gobierno, metidos en política como cualquier de cualquier partido, se meten solo para enriquecerse y se creen patriotas cuando lo que hacen es aprovecharse de una tragedia a escala mundial para tratar de dañar la imagen pública del gobierno y ocupar su sillón.

La clase política apesta: Vox, PP, Ciudadanos, PSOE, Podemos, los partidos independentistas catalanes…. nadie se salva, es una escuela de mediocres. Pero ahora no es el momento de esto, ahora es el momento de estar unidos.

A la hora de escribir estas líneas son 1326 los fallecidos. En Madrid la situación es crítica. Se deja morir a la gente para tratar de salvar a los que tienen más opciones de sobrevivir, no les queda otra. Los familiares ni siquiera pueden velar a sus muertos y esta pandemia global no entiende de clases sociales.

Pagaremos muy caro este peaje, va a ser un duro aprendizaje. Recuerdo a mi abuelo contando sus batallitas de la guerra civil. Cuando sea viejo, yo seré ese abuelo cebolleta que contará batallitas sobre el coronavirus de los cojones.

Lucharemos por la vida y cuando se acabe esta pesadilla, saldremos reforzados como sociedad y afrontaremos con valentía la enorme crisis económica que se avecina. Desde mi encierro en casa me doy cuenta de varias cosas. Que lo más valioso que tiene España son los españoles. Encerrados en casa no solo nos protegemos sino que protegemos la vida de los demás. Mientras los trabajadores de hospitales y fuerzas públicas se dejan la vida y reciben nuestro caluroso aplauso rigurosamente a las 8 de la tarde, convirtiéndose en el mejor momento del día, pues es cuando nos damos cuenta de que estamos juntos en esto.

Definitivamente vivimos en un mundo globalizado y no nos puede dar igual ni lo que suceda en la casa del vecino ni lo que suceda en una aldea de Pakistán.

Da igual la clase política casposa, el pueblo tiene una fuerza arrolladora. No son ni los políticos ni las grandes multinacionales, el mundo lo cambian las pequeñas acciones, el mundo lo cambia la sociedad. Estamos todos en el mismo barco y concienciados para afrontar todos los retos que se nos avecinan como paliar el cambio climático, aplastar la violencia de género y luchar por la igualdad o combatir contra la crisis económica brutal que nos espera cuando se levante el estado de alarma.

Pensemos en toda esa gente que se deja la vida por cuidar a nuestros mayores en las residencias, todo el personal sanitario, todo aquel que se ve obligado a trabajar en estos días terribles e inseguros, en todos esos contagiados que viven con miedo, en todos los fallecidos. Por ellos solo tenemos que hacer algo esencial como es lavarse las manos y quedarse en casa.

Claro que hay gente insolidaria pero somos una aplastante mayoría los solidarios y los que sacaremos este país adelante, saldremos de esta, que no les quepa duda alguna.

Van a ser días terribles que no olvidaremos jamás y que nos van a cambiar la vida para siempre. Pero cuando salgo al balcón a aplaudir me siento parte de algo. Siento que el pueblo español está dormido y no se da cuenta de la enorme fuerza y carácter que tiene. Venceremos.

2 Comentarios

  1. Blacksmith

    Uno por aqui, que entretiene los ratos muertos de este confinamiento, leyendo vuestras reseñas como hacia antes y me devuelve a la rutinaaa.

    A ver si pasa pronto esto joder!

    Animooo

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    1. Vpower

      En eso estamos todos amigo, mucho ánimo y a aguantar. desde aquí si os podemos entretener un ratillo y contribuir a pasar mejor cada día ya nos damos por contentos. vamos!

      Responder

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